La tristeza y la furia
En un reino encantado donde los hombres no pueden llegar, o quizás donde los hombres transmiten sin darse cuenta, en un reino mágico donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas.
Había una vez un estanque maravilloso de agua cristalina y pura, se acercaron a bañarse haciendo mutua compañía, la tristeza y la furia, las dos se quitaron sus vestimentas y las dos entraron al estanque. La furia apurada como siempre, urgida sin saber porque se baño rápidamente y más rápidamente aún salió del agua, pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, a si que, desnuda y apurada, se puso, al salir la primera ropa que encontró, y sucedió que esa ropa no era la suya sino la de la tristeza y así vestida de tristeza la furia se fue.
Muy calmada y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza término su baño y sin ningún apuro ( o mejor dicho sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque, en la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedarse al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.
Cuentan que desde entonces, muchas veces unos se encuentran con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz y que detrás del disfraz de la furia, en realidad esta escondida la tristeza.
Un libro abierto es un cerebro que habla, cerrado es un amigo que espera, olvidado un alma que perdona, destruido un corazón que llora.
Un libro es como un viaje, se empieza con inquietud y se termina con melancolia.
Estoy de acuerdo con Jorge Luis Borges, que de los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo..Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria.
